Nuestra Misión.

Como cada año la congregación tiene misiones en cualquier lugar de México. Este año, en semana Santa fuimos al estado de San Luís Potosí, abarcando cuatro comunidades de la sierra. Nuestras misiones nos llevan a contemplar más el amor de Dios hacia las personas, entregando cada tiempo y cada palabra a Nuestro Señor Jesucristo para el que El, por medio de su gran Amor pueda llenar los corazones de cada niño, joven y personas mayores con las que trabajamos.

Es sin duda, la fuerza mayor y la entrega total de amor al padre que nos mueve a evangelizar y a dar a conocer el inefable amor que Dios tiene hacia todo, y esto es, como dijo nuestro fundador el Beato, Basilio Moreau, “para que Dios sea Conocido, Amado y Servido”

Misiones de Semana Santa 2009 (clik para ver video)

Las experiencias  de cada misión, de cada cultura y de cada persona con las que nos relacionamos, nos ayudan a vivir más explícitamente nuestra vida en la comunidad. Como también para comprender las necesidades de todos y así tener una vida evangelizadora desde nuestra propia persona para después poder seguir evangelizando.

Es pues, este el llamado que Dios hace a cada individuo, hacer misionero, hacer profeta, hacer apóstol de Cristo.

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DIOS

En los días de mi más remota antigûedad, cuando el temblor primero del habla llegó a mis labios, subí a la montaña Santa y hablé a Dios, diciéndole:

Amo, soy tu esclavo. Tu oculta voluntades mi ley y te obedeceré por siempre jamás.

Pero Dios no me contestó, y pasó de largo como una potente borrasca.

Y mil años después volví a subir a la montaña Santa, y volví hablar a Dios diciéndole:

Creador mío, soy tu criatura. Me hiciste de barro, y te debo todo cuanto soy.

y Dios no contestó; pasó de largo como mil alas en presuroso vuelo.

Y mil años después volví a escalar la montaña Santa, y hablé a Dios nuevamente, diciéndole:

Padre, soy tu hijo. Tu piedad y tu amor me dieron vida, y mediante el amor y la adoración ati heredaré tu Reino. Pero Dios no me contestó; Pasó de largo como la niebla que tiende un velo sobre las distantes montañas.

Y mil años después volví a escalar la Sagrada montaña, y volví a invocar a Dios, diciéndole:

¡Dios mío!, mi supremo anhelo y mi plenitud, soy tu ayer y eres mi mañana. Soy tu raíz en la tierra y tú eres mi flor en el cielo; junto creceremos ante la faz del sol.

Y Dios se inclinó hacia mí, y me susurro al oído dulces palabras. Y como el mar, que abraza al arroyo que corre asta él, Dios me abrazó.

Y cuando bajé a las planicies y a los valles, vi que Dios también estaba allí.

 

                                                                                                       Khalil Gibrán

De El Profeta y otras parábolas.

 

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